martes, 31 de julio de 2012

Los descendientes, (Alexander Payne, 2011)


“Los descendientes”, la última película dirigida por Alexander Payne es, sin duda, su mejor realización hasta el momento. En mi opinión es una gran película, a la altura de las mejores que se han estrenado en los últimos años, y justa candidata a los Oscars.
Pese a ello, la película puede despistar a muchos espectadores. De hecho ha despistado también a muchos críticos. El tono, el ritmo y la historia, no parecen encajar entre sí. ¿Se trata de una comedia? ¿Un drama?
Estamos educados en las convenciones del drama y de la comedia tal y como se entienden en la actualidad: una comedia tiene un cierto tipo de música, de intérpretes, de situaciones e incluso de fotografía que nos anticipa ya desde los títulos de crédito que estamos ante una comedia. Y lo mismo ocurre en los dramas.
Pero la vida no es comedia o drama, la vida es la mezcla de los dos y “Los descendientes” nos muestra eso, un trozo de vida.
Alexander Payne es un director con una tremenda cultura cinematográfica. Lo he oído y leído en varias entrevistas y es un placer que un director de cine conozca los clásicos y el lenguaje cinematográfico como los conoce él.

“Los descendientes”, por contenido, es un drama: el protagonista, Matt King (un excelente George Clooney), abogado especializado en propiedades, vive en Waikiki. Es el fideicomisario de las últimas hectáreas de tierra virgen de la isla, propiedad de la familia. La familia quiere vender las tierras y él tiene que tomar la decisión final. Matt está casado y es padre de dos hijas (Scottie y Alex) de 10 y 17 años respectivamente. En el momento en que comienza la historia, su mujer (Elizabeth) ha sufrido un accidente náutico y se encuentra en coma. Matt recibe dos noticias de forma consecutiva: por un lado los médicos le dicen que el coma de Elizabeth es irreversible y que según los deseos de su mujer tienen que desconectarla y dejarla morir, y por otra parte su hija mayor le confiesa que su madre tenía una aventura con otro hombre.
El tema de la película es la familia. Se habla de la familia de origen, de la familia nuclear, de la familia extendida e incluso de la gran familia racial.
Obviamente la historia es un drama, nadie lo puede negar. ¿Dónde está, pues, la duda? Lo que diferencia a esta película de muchas de las que podemos ver en la actualidad –comedias o dramas- es el tratamiento, tanto del guión como de la puesta en escena.
Lo que ocurre es que Alexander Payne está enamorado de sus personajes, los quiere, y por tanto los trata con el pudor y el respeto que le merecen. Nunca los deja que lleguen a exponer sus sentimientos más íntimos de forma desaforada. En el momento en el que las emociones van a desbocarse, se retira, da un paso atrás para que esas emociones no sean vistas por extraños. Es como si le diera vergüenza. Precisamente este tipo de abordaje del drama, que a mí me parece un acierto, le ha supuesto a Payne algunas críticas que acusan a la película de plana, indicativo, una vez más, de la ceguera y el desconocimiento de los mecanismos de la narración de los grandes maestros por buena parte de la crítica.
Esta manera de abordar la historia se traduce en una puesta en escena de lo más clásica; la cámara se hace invisible y apenas se mueve y cuando lo hace es por una buena causa. En esto sigue la máxima del maestro John Ford que decía que la cámara no había que moverla nunca y que si se movía había que tener un buen motivo.
Además del uso clásico de la cámara la película tiene una dirección de actores espléndida, una dirección de matices, de pequeños gestos, y sobre todo de contención. El resultado es magnífico, no hay ningún actor que no esté bien: George Clooney inconmensurable y, desde luego, su mejor actuación hasta el momento, digna de un Oscar que no se llevó. Judy Greer está increíble en la escena del hospital. Las dos hijas están fenomenal, el abuelo, la abuela e incluso el novio de Alex, que por cierto es un ejemplo estupendo del amor que tiene Payne por todos sus personajes ya que este, en principio, inaguantable muchacho acaba siendo uno más de la familia.
Y por fin, lo que determina el tono y el ritmo de la película es el tratamiento de comedia que aplica Payne, y que ya está desde el guión, a todas las escenas dramáticas. Este tratamiento lo podemos ver con claridad de dos maneras distintas: por una parte las escenas dramáticas acaban, en su mayoría, con una especie de respiro, de alivio, es decir sube la tensión hasta cierto punto y la situación en lugar de acabar ahí, en pleno clímax dramático, da un giro sutil más propio de comedia. Por otra parte, en algunas escenas, el tratamiento de comedia está ya desde el principio.
Voy a poner un ejemplo de cada una de estas formas de abordar las escenas dramáticas.
-          Matt y su hija pequeña, Scottie, están comiendo un helado y se acerca hasta su mesa Troy, que era el que conducía la lancha cuando la mujer de Matt sufrió el accidente. Pregunta por ella y trata de disculparse por el accidente haciendo crecer la tensión entre los tres. Llega un momento en que Scottie no puede más y sale de estampida, Matt sale tras ella y la tranquiliza y ya más calmada aunque todavía con cara de enfado pasa frente a Troy que sigue en la heladería y, mirándole, le dedica una peineta.
-          El segundo ejemplo es la escena en la habitación del hospital, cuando llega la esposa del hombre que tenía la aventura con Elizabeth (una maravillosa Judy Greer). La escena entera se desarrolla mediante los mecanismos clásicos de la comedia de gags, es decir el gag consta de tres fases. La escena tiene dos partes, la primera cuando llega la visita y las dos hijas y el novio de Alex salen de la habitación; por tres veces le dicen a Scottie que se dé prisa para salir. Una vez solos Judy Greer le habla a la mujer de Matt, en una primer momento con calma, perdonándola…, la cámara coge a Matt asintiendo…, después sigue hablando cada vez más enfadada: “tengo que perdonarte por haber intentado llevarte a Brian, por haber intentado destruir a mi familia”…, la cámara vuelve a Matt que ahora ya tiene una cara un poco más de circunstancias…, pero ella sigue cada vez más enfadada y en tono más furioso “…tengo que perdonarte pero debería odiarte”, ya gritando…, la cámara vuelve a Matt que se acerca a ella: “vale, vale, ya está, de verdad anda creo que ya basta, ¿de acuerdo?, ya está, gracias July…” y la acompaña a la puerta, el espectador termina la escena (en contenido dramática) con una sonrisa en la boca. Una escena como la hubiera rodado LeoMcCarey, un director que hay que recuperar ya y que recomiendo al que no lo conozca, de Leo McCarey dijeron algunos de los mejores directores de la historia del cine:
o   “Ese tipo, McCarey, es el mejor”. Ernst Lubitsch.
o   “El primero entre nosotros”. John Ford.
o   “Nadie conoce los gustos del público mejor que Leo”. Jean Renoir.
o   “Mr. McCarey, sobre todo Mr. McCarey”. George Cukor.
o   “El mejor director que he conocido se llamaba Leo McCarey”. Howard Hawks
La narración se acompaña con una banda sonora relajante de raíces autóctonas (de las islas Hawái) que también ayuda a rebajar la tensión de la historia, a conferirle el tono y el ritmo que ha elegido su director, Alexander Payne en estado de gracia.
La película finaliza con una escena en un plano verdaderamente prodigioso, una gozada.





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